diciembre 16, 2017

Violeta Olmo: “La evaluación tradicional no es tan realista, ya que no valora el esfuerzo realizado a lo largo de todo el año”

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Violeta Olmo, profesora del CIPFP “Mislata” de Mislata (Valencia), premiado por el proyecto ‘RevAula, reevalúa el aula’

La profesora optó por un “menú de evaluación”, en el que los alumnos no se la juegan todo en un día y pueden elegir varias opciones para demostrar sus conocimientos.

Las nuevas aulas requieren nuevos procesos de aprendizaje y la evaluación no puede quedar al margen. Por eso Violeta Olmo, Mª Cruz García y Salvador del Toro, profesores del CIPFP “Mislata” de la ciudad homónima, se pusieron manos a la obra e implantaron en su centro el proyecto RevAula con el objetivo de repensar el proceso de evaluación para obtener soluciones más creativas e innovadoras. Con ello han logrado personalizar la evaluación e incrementar la autogestión del alumnado en su propio aprendizaje. El proyecto ha obtenido el premio Escuelas Creativas Adrià que otorga la Fundación Telefónica, en la modalidad docentes. Victoria Olmo nos cuenta la experiencia en el centro.

¿Qué os llevó a implantar este proyecto RevAula?

Habíamos implantado nuevas metodologías en nuestras aulas, pero se quedaba cojo el tema de la evaluación. Muchos alumnos se quejaban de que jugárselo todo en un examen era muy arriesgado porque un mal día lo puede tener cualquiera. Eso nos dio pie a valorar no solo un examen, sino toda una trayectoria. Nos propusimos repensar la evaluación –siempre colaborando con el alumnado– y finalmente decidimos ofertar un menú de evaluación, en el que los alumnos no se la jugaban todo en un único examen sino que tenían alternativas. De esta forma, pueden construir su nota final eligiendo aquella vía con la que mejor pueden demostrar todo lo que han aprendido.

¿Qué nuevas metodologías tenéis implantadas?

Trabajamos mucho con el Aprendizaje Basado en Proyectos, incidiendo en la idea de que los alumnos den importancia a las acciones, a la planificación, al trabajo en equipo… Utilizamos también el Visual Thinking y la metodología Lean Startup, de forma que el alumno sea siempre el protagonista, que vaya construyendo su aprendizaje y que se responsabilice de las decisiones que toma. Queremos que cada proyecto suponga un mayor reto para el alumno, y así se implique más y pueda dar lo mejor de sí.

¿Qué problemas hay al aplicar una evaluación tradicional a este tipo de metodología?

El problema de la evaluación tradicional es que no es tan realista, no valora realmente el esfuerzo que ha hecho el alumno a lo largo de todo el año, y queda limitada a una prueba en un momento que no siempre demuestra todo el conocimiento que ha adquirido. Sin embargo, nosotros queríamos fomentar la cooperación entre los alumnos, no la competitividad. No nos interesaba que uno hiciera mejor el examen que otro, sino que el trabajo fuera fruto de todos, ya que así se pueden obtener resultados mucho mejores. Para nosotros también es muy importante atender a la diversidad. Podemos decir: “Para que la evaluación sea justa todos realizaréis la misma prueba, subiréis a ese árbol”. En el alumnado, gráficamente, encontramos a un mono, un elefante, un pez… eso quiere decir que si somos diversos tenemos diferentes capacidades para aprender, por lo que un mismo examen para todos no es equitativo. De ahí que optamos por ofertar un menú de evaluación.

¿En qué consiste exactamente ese menú de evaluación?

Significa que damos al alumno cinco platos a elegir. Dos son fijos: el examen y el proyecto que desarrollará a lo largo de todo el año, y tienen un porcentaje de la nota final que llega hasta el 30%. Y luego hay tres platos que ellos pueden elegir: profundizar en algún tema que les llame la atención para luego impartir un seminario al resto de compañeros; actividades extraescolares para acudir a charlas de profesionales que luego pueden explicar al resto de compañeros; y, por último, los videotutoriales, a través de los cuales los propios alumnos explican los contenidos al resto de compañeros.

¿El examen fijo sí que cumple con la metodología  tradicional?

Sí, porque al final hay que demostrar unos conocimientos o conceptos mínimos, pero se limita a un 20 o 30% de la nota. Lo importante aquí es que los alumnos no se lo juegan todo en un examen. Ellos van con la tranquilidad de que si tienen un mal día o no están tan lúcidos, no está todo perdido, ya que se les valora todo el trabajo a lo largo del año. Su nota final va a tener un peso más realista con lo que saben y con lo que han trabajado.

¿Por qué decidisteis optar por este menú de evaluación y no por otras formas nuevas de evaluar, como las rúbricas?

De hecho, las hemos utilizado también, pero lo que quisimos es implicar al alumnado. Fueron los propios alumnos de Grado Superior quienes decidieron y vieron factible el proyecto. Y gracias a las guías de Fundación Telefónica y Ferrán Adriá, obtuvimos las pautas y estrategias necesarias para poder organizar debidamente todas las ideas y llegar a conclusiones.

¿Qué cambios se han producido en los alumnos?

Van muchos más tranquilos, están más motivados y se muestran más relajados de cara al examen. Un examen siempre genera nerviosismo y ahora van mucho más confiados.

¿Se nota diferencia en cuanto a los resultados?

Hay más motivación, ellos lo asumen como algo más personal, se involucran, trabajan a gusto y, por tanto, suelen salir mejores notas y una mejor satisfacción que es a lo que nosotros nos interesa, que aprendan disfrutando.

En cuanto al profesorado, ¿qué dificultades habéis tenido para llevarlo a cabo?

Las dificultades siempre vienen generadas por el tiempo de impartición de la materia y de coordinarnos, porque el trabajo en equipo es fundamental. Pero con ilusión, trabajo y esfuerzo al final se obtienen resultados.

¿Qué le recomendarías a un profesor que quiera empezar en nuevos métodos de evaluación?

En primer lugar, siempre es muy importante la concienciación y la visualización. Hay que cambiar las formas de pensar, tanto del profesor como del alumno, utilizar las guías para organizar las ideas y ponerse a implementar. Es muy importante implicar al alumno, para que lo razone y lo piense. No puedes llegar de la noche a la mañana diciéndole que no va a tener examen y que va a haber un menú donde puede elegir, porque no se lo cree y le genera incertidumbre. Sin embargo, si tú le explicas que han cambiando la exigencias del mercado laboral y la metodologías y las formas de evaluación, a él le irá calando y responderá mejor.

Por Adrián Arcos.

 

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