junio 26, 2017

Un diseño pensado para la interacción y el trabajo común

Ørestad Gymnasium-1

Aulas fusionadas, pasillos amplios, mucha luz y colores, mesas para trabajar en equipo… Así son los espacios adaptados a la nueva forma de entender la enseñanza.

De la misma forma que no seguimos enseñando ni aprendiendo como hace 50 años, tampoco la estructura del centro, los espacios, la luz, el mobiliario y la disposición de las aulas deberían seguir siendo los mismos. Ya son muchos centros alrededor del mundo los que están transformando su arquitectura y su diseño para adaptarse a los nuevos tiempos, con espacios que permiten desarrollar funciones muy diversas, pero también para que alumnos y profesores se encuentren cómodos, no se sientan encerrados y se facilite la comunicación y el trabajo en equipo.

En Copenhague se encuentra el Ørestad Gymnasium, uno de los centros elegidos por Fundación Telefónica dentro de su trabajo Viaje a la escuela del siglo XXI. El centro está ubicado en uno de los edificios más vanguardistas del mundo: un gran cubo de cristal donde los alumnos pueden trabajar en grupo o individualmente y donde no se reconoce tan fácilmente a los profesores. Para que ese aparente caos funcione se ha creado un horario especial: cada día cuenta con cuatro módulos en los que el profesor aplica la metodología apoyándose en todas las posibilidades que ofrecen las instalaciones. Uno de los profesores de este centro, Morten Smith-Hansen, nos da más detalles en la entrevista de la página siguiente.

vittra-1En el distrito de Saunalahti, en la ciudad finlandesa de Espoo, se encuentra otra de las escuelas que destaca por su diseño modernista. Inaugurada en septiembre de 2012, su diseño corrió a cargo del premiado estudio de arquitectura Verstas, que la ideó pensando en “la escuela del futuro”. Con 10.500 metros cuadrados, en la Escuela Saunalahti no vemos pupitres individuales pero sí grandes ventanales que asoman al exterior pero también al resto de aulas. Todo el centro está diseñado para fomentar la interacción y el trabajo en grupo, con aulas concebidas para la realización de talleres y puertas de cristal que posibilitan el acceso a alumnos de otras aulas. Los pasillos son muy amplios y están repletos de sillas y mesas para que los jóvenes estudien o charlen.

Otros centros donde no hay aulas como tal, ni pizarras ni pupitres, son las escuelas Vittra, en Suecia. La empresa, que administra más de 30 centros en toda Suecia, tiene el concepto de que la Educación debe producirse en cualquier parte del edificio escolar, no solo en un espacio único y cerrado como es el aula. Alumnos y profesores circulan libremente por el centro y trabajan en sofás, sentados en cojines o, incluso, tumbados en el suelo. Por ello, el diseño interior –a cargo del prestigioso estudio Rosan Bosch– se cuida al milímetro, para ofrecer espacios diáfanos.

Saunalahti school in Espoo, Finland Photo by Andreas Meichsner for Verstas architects

Saunalahti school in Espoo, Finland
Photo by Andreas Meichsner for Verstas architects

Igual que el espacio, el horario en Vittra también se caracteriza por la flexibilidad. Las clases suelen durar entre 60 y 120 minutos con el objetivo de que el alumno organice su tiempo y, con el profesor como guía, consiga entender los contenidos y realizar las tareas con margen suficiente para acabarlas.

En cuanto a los contenidos, el modelo Vittra se focaliza en la experiencia y en la resolución de problemas cotidianos, pero siempre en concordancia con el currículum sueco. La evaluación es totalmente individualizada y atiende al desarrollo del alumno tanto en contenidos curriculares como en actitud, logros y metas conseguidas.

Creando identidad propia.

Pero no solo hay escuelas con diseños rompedores en el norte de Europa. En Buenos Aires (Argentina), encontramos Aletheia, una pequeña y serena escuela basada en la pedagogía reggiana donde las herramientas de aprendizaje se mezclan con elementos de la naturaleza, creando una identidad propia que propicia otra forma de aprendizaje. En Aletheia los espacios se han ido transformando, de forma que un patio cerrado sin utilidad se convirtió en atelier, las salas de reuniones en centros de documentación, y los pasillos en salas de exposiciones y muestras. Como pieza central está ese atelier, un gran taller abierto, lleno de posibilidades y elementos a disposición de los alumnos donde la creatividad está garantizada.

También en nuestro país encontramos centros que han cambiado su diseño para adaptarlo a las nuevos procesos metodológicos. Un claro ejemplo son los colegios jesuitas de Cataluña. A través del proyecto Horizonte 2020, los jesuitas han derribado las paredes de sus aulas y las han transformado en grandes espacios para trabajar en equipo, unas ágoras en las que hay sofás, gradas, mucha luz, colores, mesas dispuestas para trabajar en grupo y acceso a las nuevas tecnologías. Juntan, por ejemplo, dos aulas de 30 alumnos en una sola de 60, pero, en vez de un profesor por cada 30, tienen tres profesores para 60. “No hay asignaturas, ni horarios, al patio se sale cuando los alumnos deciden que están cansados”, explica Xavier Aragay, director general de la Fundació Jesuïtes Educació (FJE).

Proyectos interdisciplinares.

Al igual que en los colegios de los países nórdicos, el trabajo en los jesuitas de Cataluña se hace a través de proyectos interdisciplinares que incorporan elementos de diferentes asignaturas. Así se adquieren diversos conocimientos y competencias y se rompe con la típica división del horario por asignaturas. Los exámenes se reducen y dejan de tener todo el peso en la evaluación, que se realiza, en la línea con la evaluación continua, a partir del trabajo que realizan los alumnos.

En Madrid también está la Escuela IDEO, un centro con un proyecto arquitectónico influido por tendencias suecas y finlandesas en el que los espacios son abiertos, luminosos, amplios y respetuosos bioclimáticamente; donde la enseñanza no se produce solo en las aulas, sino en los pasillos, patios y jardines. Según el arquitecto de Escuela IDEO, Francisco de Ancos, el centro “es un libro abierto con páginas de cristal que se pliegan, se abren, se cierran; donde alumnos y profesores aprenden y enseñan juntos bajo la mirada sonriente de ese ‘tercer maestro’ que decía Malaguzzi: la arquitectura”.

Pero incluso en pueblos más pequeños podemos encontrar diseños de centros muy innovadores. Un ejemplo es el IES “Cartima” en Estación de Cártama (Málaga), cuyos espacios abiertos y excelentes vistas al entorno dan al centro un ambiente cálido y luminoso. Los pasillos son amplios con mucha luz, hay un jardín interior y varios rincones para descansar o para conversar con los compañeros. En clase, sobre las mesas no se ven libros, y en las pequeñas pantallas de las tablets los alumnos consultan todos los contenidos de las asignaturas. Para poner en marcha este tipo de arquitectura y diseños solo hace falta que la Administración y la comunidad educativa en su conjunto comprendan que se necesitan espacios escolares adaptados a la nueva forma de entender la enseñanza.

Escrito por Adrián Arcos.

 

 

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