mayo 23, 2017

¿Por qué tenemos que enseñar a los alumnos a pensar?

15-09-30Robert Swartz

En fin, todo el mundo piensa. Quizá no sea necesario enseñar a pensar. Pero, aunque todos pensemos, quizá no todos los hagamos tan bien, con tanto cuidado, como pudiéramos. ¿Puedes pensar ejemplos de situaciones en las que tu pensamiento te falló y en las que lo podrías haber hecho mejor? ¿Te perdiste algo importante? ¿No te tomaste en serio algunas desventajas de tu decisión, ahora que se han vuelto contra ti? Enfoquémoslo desde una perspectiva diferente. Algo que he experimentado desde que comencé a trabajar con colegios españoles es que existe un reconocimiento progresivo de que convertir a la memoria en la única clase de pensamiento que se enseña al alumno, y su consecuente papel predominante en el aprendizaje, es algo que no funciona. Quizá lo anterior sea una sentencia osada con la que no todo el mundo esté de acuerdo. Algunos responsables escolares dicen al alumno que ha ido pasando de curso y termina la Secundaria: “Ahora estás preparado para enfrentarte a los desafíos del mundo en el que vives, dominarlos y marcar la diferencia”. Pero esta sensación de falta de efectividad está ahí y está aumentando. ¿Por qué? Bien, vale, los alumnos aprueban los exámenes y finalizan la Secundaria. En este proceso, con frecuencia se observa el mismo patrón. Muchos alumnos memorizan cosas para aprobar, y efectivamente aprueban. Entonces pasan al siguiente examen. Su objetivo es aprobar exámenes y sacar buenas notas. ¿Pero qué ocurre con lo que aprenden para aprobar? Es solo un medio para obtener altas calificaciones. Recientes investigaciones parecen demostrar que hasta el 90% de lo que los alumnos “aprenden” tiene escaso impacto en sus vidas fuera del colegio. ¿Cómo podemos remediar esta situación? Una pista proviene de la preocupación con la que he comenzado. Esto es, que aprender a recordar cosas no aborda la necesidad del alumno de aprender a involucrarse con minuciosidad y diligencia en tipos de pensamiento cotidiano muy importantes: por ejemplo, tomar decisiones con detenimiento, resolver problemas acertadamente, realizar predicciones precisas sobre las consecuencias de nuestros actos y evaluar los argumentos de otros que intentan hacernos cambiar de opinión. Son éstas habilidades para la vida. Pero son muy distintas del mero hecho de recordar, y la mayoría de alumnos dejan la escuela sin ninguna de ellas.

¿Qué se están perdiendo los alumnos?.

Normalmente identificamos tres clases de pensamiento en las que debemos embarcarnos con atención: analizar ideas, desarrollar ideas creativas y pensar críticamente. ¿Y esto qué significa? Pensemos en el análisis y hagamos que dicho concepto aterrice. Sustituyámoslo por “comprender cómo algo funciona”. Podría ser cualquier cosa: un teléfono móvil, una bicicleta. Pero pensemos en cosas que enseñamos a los alumnos, por ejemplo libros que les pedimos que lean. Normalmente les enseñamos que las novelas o relatos tienen cinco componentes: personajes, escenario, trama, conflicto y desenlace. Pero las historias crean muchas veces suspense, consiguiendo que queramos leer más, y en ocasiones terminan con una sensación de alivio, a veces sorpresa. ¿Cómo se construye un relato para que esto suceda? Un buen profesor planteará a sus alumnos: “Muchos habéis dicho que cuando leísteis lo que tal personaje había hecho, os puso expectantes. Queríais seguir leyendo. ¿Cómo lo hizo el autor?”. Esto no es algo difícil de averiguar con historias simples, y ser consciente de ello ayuda con otras más complejas. “¡Vaya!, hace que tal personaje diga que va a hacer algo malo… y deja de mencionarlo durante un tiempo… Así que nos preguntamos qué ocurrirá. Y seguimos leyendo”. La habilidad del alumno para explicar el proceso indica que ha comprendido esa técnica. Y el alumno ya está interesado en cómo se construye una novela. Quizá él mismo siga el mismo patrón y escriba una buena historia. Cuando esto sucede, la comprensión que desarrolla el alumno está a años luz de esa comprensión que desarrolla al aprender los cinco componentes que mencionábamos. Y este es solo uno de los tipos de habilidades de pensamiento que se pierden los alumnos cuando la Educación está fundamentalmente basada en la memoria.

Todo lo que sabemos.

Así que la respuesta a nuestra primera pregunta se antoja bastante simple. Ahora sabemos cómo enseñar todas estas habilidades para que los alumnos las utilicen de forma natural, y sabemos cómo añadir importantes hábitos mentales y buenas rutinas de cuestionamiento que fomenten el uso de dichas habilidades. También sabemos cómo incluirlas en la enseñanza sin comprometer la integridad del currículum. Más aún, sabemos cómo hacer todo esto en aulas organizadas para que giren en torno al alumno y en las que los alumnos piensan colaborativamente, de manera que se instaure una cultura de pensamiento que comparta toda la clase. Incluso sabemos cómo organizar todo esto para que el propio centro se convierta en una escuela centrada en el pensamiento. Para lograr que esto ocurra no tenemos que derribar muros, contratar nuevos profesores o incorporar un nuevo currículum. Profesores y responsables educativos a la par pueden hacerlo desde dentro. De hecho, cualquier profesor puede hacerlo y todos los alumnos pueden beneficiarse de ello. ¡Por ello debemos enseñar a pensar a todos los alumnos!

Escrito por Robert Swartz, director del Centro Nacional para la Enseñanza del Pensamiento en EEUU.

 

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