diciembre 16, 2017

Métodos innovadores requieren nuevas formas de evaluación

reportaje evaluacion Eniac-1

Las nuevas metodologías que se están implantando necesitan desviar la atención evaluativa del producto final y centrarse más en el proceso de aprendizaje.

En los últimos tiempos estamos asistiendo a un incremento casi exponencial de metodologías innovadoras en el aula: aprendizaje basado en proyectos, Visual Thinking, gamificación, trabajo colaborativo, Lean Startup o flipped classroom, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, cuando observamos el modelo de evaluación nos damos cuenta de que en esta fase no se innova de la misma manera, de forma que muy pocas veces todos esos cambios en la metodología que se producen en el aula van acompañados de una mejora del proceso evaluativo. Asimismo, desde hace años nos encaminamos a un aprendizaje basado en las competencias, promovido desde las propias administraciones, pero ¿realmente se están evaluando esas competencias? ¿Seguimos anclados en la cultura del número a la hora de evaluar? ¿Esa nota valora las competencias o más bien los conocimientos? ¿Se está evaluando todo el proceso de aprendizaje? Son demasiadas preguntas que no siempre van a ser contestadas positivamente, sobre todo porque, paradójicamente, la ley educativa vigente –la Lomce– sigue estableciendo calificaciones que van del 1 al 10. Raúl Diego es profesor de Primaria y responsable del proyecto de innovación de los Salesianos de Santander. En su blog  podemos encontrar una presentación sobre nuevas formas de evaluar en la que explica visualmente los conceptos que debemos conocer y se centra en las rúbricas y dianas.

La nota numérica

Él considera que “la evaluación sumativa –aquella que suma los resultados que se van realizando– no es buena” y apuesta más bien por “descentrar la atención del producto final y centrarnos en el proceso”. Sin embargo, lamenta que “sigamos evaluando productos o resultados, en lugar de dirigirnos hacia la evaluación de los procesos de aprendizaje”. Este profesor asegura que “estamos atados porque la Administración nos pide resultados, que son números”, y de ahí que siga fomentándose la evaluación sumativa. “Los más presionados son los profesores de Bachillerato, que presionan a los de Secundaria, y estos a su vez a los de Primaria, por lo que al final no podemos impulsar una transformación de la evaluación porque desgraciadamente nos siguen pidiendo una nota numérica, tanto desde la Administración como las propias familias, porque necesitan una nota de corte”, explica Raúl Diego.

Para el profesor “lo más interesante de la evaluación es el proceso”, que precisamente es lo que suele dejar de lado la nota numérica. De hecho, él considera que “cualquier sistema evaluativo puede llevar a una numeración pero habiendo hecho previamente una reflexión sobre el proceso”. Santiago Moll, profesor y autor del blog Justifica tu respuesta, propone un plan de evaluación numérica, pero que tiene en cuenta también toda la trayectoria y la actitud del alumno. Él describe cinco puntos en ese proceso de evaluación. En primer lugar el comportamiento del alumno (que se resta de la nota final) entendido como conducta, cuidado del material, cumplimiento de normas o retrasos. Después también valora la actitud (20% de la nota) a través de la revisión de los deberes y del libro de texto. En tercer lugar, las pruebas de estudio y de atención (20% de la nota). Después las actividades (10% de la nota) por medio de la evaluación inicial, ejercicios de expresión oral y escrita, pruebas de lectura, reseñas de libros… Y, por último, los exámenes (50% de la nota) correspondientes a cada unidad didáctica. “Suelo acumular un total de 20-25 notas u observaciones por alumno, lo que me permite evaluarlo de forma muy objetiva”, asegura Moll.

Evaluando con rúbricas

Por su parte, Raúl Diego prefiere las rúbricas: “En nuestro centro hemos transformado la evaluación de procesos orales y escritos a través de las rúbricas y se nos han disparado los resultados, porque los niños saben qué es lo que les estamos pidiendo”. Las rúbricas son un documento que describe distintos niveles de calidad de una tarea o producto. Su objetivo es dar al alumnado un feedback informativo sobre el desarrollo de su tarea durante el proceso y una evaluación más detallada de su trabajo. Para Diego “son una de las formas más justas de evaluar, ya que cuando pides una tarea al alumno le estás diciendo qué vas a evaluar y estás estableciendo unos niveles de consecución a través de unos descriptores o indicadores de logro, con lo cual le estás guiando desde un principio”. De esa forma, “incluso ellos pueden hacerse una autoevaluación y darse cuenta de todo lo que han alcanzado”. Raúl Diego también recomienda las dianas de aprendizaje, sobre todo “para orientarse en el proceso de evaluación y hacer también coevaluación”, aunque advierte de que “no incorporan los descriptores de logro” como sí hacen las rúbricas. Las dianas permiten acotar el número de criterios de evaluación que queremos con un número determinado de niveles que corresponden a la valoración que damos a cada uno de ellos. Por tanto, “sí que incluyen el nivel de consecución –aunque no los descriptores–, son muy visuales y muestran cómo va el camino, sobre todo para los más pequeños”, recomienda Diego.

Por Adrián Arcos.

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