junio 24, 2018

La filosofía a edades tempranas, una herramienta para la vida

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“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Esta frase de Pitágoras no solo destaca la importancia de la Educación a edades tempranas, sino que nos recuerda que educar va más allá de la enseñanza de la lengua o las matemáticas; supone también enseñar a pensar. “Si hemos aprendido a pensar por nosotros mismos, encontraremos los criterios sobre los que edificar los nuevos pasos, intenciones, causas, consecuencias, circunstancias, medios, valores…”. Así lo expresa el profesor Jordi Nomen en su nuevo libro El niño filósofo, en el que habla sobre la importancia de desarrollar la inteligencia filosófica de los niños.

“Es importante que los niños vayan aprendiendo filosofía adaptada a esas edades tempranas, ya que es una herramienta utilísima para la propia vida, desarrolla su capacidad de hacer preguntas, de aclarar ideas y contribuye a la comprensión y el uso riguroso del lenguaje, lo que hace que se desarrollen todas sus capacidades intelectuales y les ayuda a comprender y a situarse mejor en el entorno que les rodea”, asegura Esperanza Rodríguez, profesora del IES “Margarita Salas” de Majadahonda (Madrid) y presidenta de la Comisión de Educación de la Red Española de Filosofía (REF).

Esta profesora advierte de que “si una persona no llega a tener formación filosófica o cierto desarrollo de las capacidades que ofrece la filosofía, sí que tendría ciertas carencias porque no desarrollaría tan ampliamente la capacidad de análisis crítico, es decir, de pensar de forma más autónoma y más libremente”. “En sociedades democráticas esto es muy importante, porque el fundamento de las democracias es la ciudadanía y, si los ciudadanos pierden su capacidad crítica y su autonomía, dejan de ser ciudadanos para convertirse en rebaños de borregos”, avisa la representante de la REF.

¿Una inteligencia filosófica?

Sobre esa inteligencia filosófica de la que Nomen habla en su libro, él la entiende como una competencia o como un “sesgo filosófico de la inteligencia”, tal y como nos describe en la entrevista de la página siguiente. Pero ¿existe realmente una inteligencia filosófica?

El autor de la teoría de las inteligencias múltiples, Howard Gardner, llegó a proponer una novena inteligencia que se podría llamar “existencial” y que se expresaría en la capacidad de plantearse preguntas profundas sobre la existencia humana, tales como el sentido de la vida y de la muerte. Aquí son muchos los que han entendido que se le podía llamar también “inteligencia filosófica”, pero el propio Gardner nunca ha llegado a afirmar que se trate de una inteligencia que cumpla todos los criterios establecidos por él mismo.

Gardner utilizó ocho criterios para determinar las inteligencias múltiples: el potencial de aislamiento por daño cerebral, la existencia de individuos excepcionales, un centro o un conjunto de operaciones identificables en el cerebro, una historia evolutiva diferente, evidencias desde tareas experimentales psicológicas, un desarrollo característico, soporte desde resultados psicométricos y la susceptibilidad de ser codificada mediante un sistema de símbolos.

Desde el Colegio “Montserrat” de Barcelona –que lleva aplicando en sus aulas desde hace muchos años la teoría de Gardner– aseguran que, tanto la capacidad de pensar por uno mismo como la capacidad crítica, requieren la inteligencia intrapersonal. Este tipo de inteligencia se refiere al “conocimiento de sí mismo y la habilidad de adaptar la propia manera de actuar a partir de ese conocimiento. Implica la autorreflexión, la metacognición y la correcta percepción de sí mismo. Son destrezas de esta inteligencia la concentración, la apreciación de la propia experiencia, la capacidad de pensar sobre el ejercicio del propio pensamiento, un razonamiento correcto y de nivel superior, al igual que el desarrollo del pensamiento y la conciencia de los sentimientos junto a la facilidad para expresarlos”.

Por tanto, según la teoría de Gardner, la ciudadanía activa y comprometida es una competencia que requiere inteligencia interpersonal para comprender a los demás e interactuar eficazmente con ellos, para discernir y responder de manera adecuada a las otras personas, para trabajar cooperativamente, escuchar y apreciar la perspectiva de los otros y para empatizar con ellos. Pero también requiere una inteligencia intrapersonal desarrollada, sin la cual le sería difícil desarrollar la interpersonal, inteligencia que se manifiesta en realidad cuando la persona es capaz de utilizar todas sus inteligencias con excelencia, compromiso y ética. Es lo que Howard Gardner llama good work.

Las preguntas de los niños

Desde el Colegio “Montserrat” también destacan la importancia de facilitar a los niños el ejercicio del pensamiento filosófico: “¿Quién no ha visto a un niño fascinado por ver moverse unas hormigas y preguntarse: ¿Por qué caminan así? ¿Quién las dirige? ¿Hacia dónde van? ¿Todas las hormigas hacen lo mismo? ¿No se cansan? ¿Cuántos años viven? ¿No se caen?…. y un largo etcétera que antes agota las respuestas que su capacidad de seguir haciendo preguntas”. En este colegio entienden que “es el momento de favorecerle la reflexión adecuada, de orientarle en el razonamiento y de abrirle caminos para que pueda ir ahondando en su pensamiento”.

Pero esa llamada “inteligencia filosófica” en este colegio la desarrollan a través de todas las inteligencias múltiples. “Desarrollar el razonamiento lógico-matemático, saber buscar causas y consecuencias, deducir, es una forma explícita de ejercitar el pensamiento filosófico, de la misma manera que lo es ayudar a que crezca la inteligencia musical por la estrecha relación que tiene con la inteligencia matemática”. Y lo mismo hacen con el resto de inteligencias.

La inteligencia espiritual

Diversos autores han escrito sobre la inteligencia espiritual como la que permite hallar respuestas al sentido de la vida, entre ellos el filósofo Francesc Torralba. Él parte de la tesis según la cual el ser humano tiene un sentido espiritual, padece unas necesidades de orden espiritual, que no puede desarrollar ni satisfacer de otro modo que cultivando y desarrollando esta inteligencia espiritual. Por esto entiende que el desarrollo de esta inteligencia es fundamental y básico y favorecerlo en los niños es ayudarles a ser ellos mismos y a crecer como seres libres y responsables.

El Colegio “Montserrat” también considera que el desarrollo de la inteligencia espiritual hace a la persona más libre, más autónoma, más capaz de hacer de su vida un proyecto personal: “A partir del desarrollo del pensamiento filosófico, la inteligencia espiritual busca respuestas al último sentido de la vida, a las preguntas que todo ser humano se hace: ¿quién soy, de dónde vengo y a dónde voy?”.

Sin embargo, este desarrollo de la competencia filosófica que hace el Colegio “Montserrat” no es tan fácil encontrarlo en la gran mayoría de colegios, ya que la realidad es que la filosofía está bastante desterrada de nuestro sistema educativo, y más aún con los últimos cambios legislativos. “En nuestro país no se está valorando e incluso se está suprimiendo del Bachillerato”, denuncia Esperanza Rodríguez, que asegura que la Ética debería cursarse por todos los ciudadanos y tampoco es obligatoria.

“Hay una corriente general desde las administraciones de intentar barrer la filosofía”, denuncia la profesora, aunque, a pesar de todo, ella tiene la sensación de que muchos jóvenes reciben con sorpresa y agrado la filosofía, precisamente porque no es lo que están acostumbrados a hacer: “En el fondo es una materia muy próxima a ellos porque la infancia y la adolescencia son los momentos de preguntarse por todo, de no saber si las cosas son así, de no querer aceptar ciertos aspectos de la vida, y respiran aire fresco cuando ven que una materia se trabaja de otro modo”

 

Por Adrián Arcos

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