julio 20, 2018

Jordi Nomen: “Cualquier asignatura se puede abordar desde el espíritu crítico, la indagación, la discusión y el diálogo”

18-04-11-Jordi Nomen

Jordi Nomen es profesor de Filosofía y Ciencias Sociales y jefe del Departamento de Humanidades de la Escuela “Sadako” de Barcelona, reconocida como uno de los centros educativos más influyentes e innovadores de España. En su último libro, El niño filósofo (Arpa), habla sobre la importancia de desarrollar el pensamiento filosófico a edades tempranas, aprovechando precisamente la extraordinaria capacidad de asombro y la curiosidad ilimitada que tienen los niños, y que los convierten en pequeños grandes filósofos. Para Nomen, esa inteligencia filosófica les permitirá desenvolverse como ciudadanos activos y comprometidos dentro de las sociedades democráticas.

¿Existe realmente la inteligencia filosófica?

A mi parecer, la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner genera un problema, ya que propone que debemos desarrollar todas las inteligencias en los niños pero hay que incidir en aquellas en las que tengan más talento. Esto conlleva un riesgo de que ese niño solo trabaje de forma intensa aquello para lo que tiene más talento. Yo creo que esto no debería ser así. Las inteligencias deben tratarse como competencias y, por tanto, se pueden entrenar. En ese sentido, yo no hablaría de una inteligencia filosófica sino de un sesgo filosófico de la inteligencia. Por tanto, la inteligencia se puede entrenar y, con los métodos adecuados, uno puede conseguir que su pensamiento filosófico mejore.

Aunque no crea en la teoría de Gardner, ¿qué le parece que esa competencia filosófica se incluya dentro de la inteligencia existencial o intrapersonal?

La cuestión es que yo creo que parcelamos mucho, pero la inteligencia, si tiene una característica destacable, es que es global. No hay que parcelarla tanto porque al final lo que conseguimos son pequeños geniecillos de ciertos ámbitos, como en las matemáticas, en la relación con los demás o en el arte. Yo creo más bien que hay que desarrollar todas las competencias del niño, tanto como se pueda. Evidentemente cada uno destacará más en unas que en otras, pero con un entrenamiento adecuado, se puede conseguir que todas las inteligencias se desarrollen de forma más armónica. Es el punto en el que yo discrepo con la teoría de Gardner.

¿Por qué hay que desarrollar esta inteligencia filosófica en los niños?

Yo creo que por tres motivos fundamentales. El primero porque da mucha libertad. La libertad se consigue cuando uno es capaz de pensar por sí mismo y de crear buenos juicios, evaluar los argumentos, saber distinguir los prejuicios, los estereotipos, las manipulaciones que se dan y las falacias. El segundo motivo radica en que el pensamiento filosófico forma el carácter. Una persona que trabaja en este tipo de pensamiento y que lo entrena, debe ser una persona humilde, que se autocorrija y abierta a las opiniones de los demás para mejorar sus argumentos. Y el tercer motivo es el factor social. Un pensador crítico es alguien que se ve abocado a la acción, que detecta las injusticias y que, de alguna manera, desea participar en su resolución. Por lo tanto, ahí hay un entrenamiento para la democracia y para la ciudadanía, tal como yo la contemplo, que creo que es fundamental.

¿Qué beneficios van a tener esos niños cuando sean adultos?

De entrada, ser buenos ciudadano, que yo entiendo que son quienes participan, se asocian, intentan que no les engañen ni manipulen, descubren dónde se encuentran las mentiras y las verdades en los discursos… También serán personas más libres, capaces de ver la realidad y de cuestionarla, se darán cuenta de que no tienen la verdad absoluta, sino que la verdad es una construcción que hacemos con los demás, y todo esto es muy importante a nivel personal y a nivel social.

¿Y a nivel laboral?

A nivel laboral hay que saber colaborar con los demás. De hecho los niños de ahora van a tener que cambiar más de profesión a lo largo de su vida, van a necesitar ser personas flexibles que se adapten bien a esos cambios y que sepan también cuestionarlo todo para mejorarlo. A nivel laboral también necesitarán la capacidad de ver cuáles son los problemas y cuáles las alternativas. Asimismo, trabajar las habilidades de pensamiento favorece la creatividad, y yo creo que los empleos del futuro van a ser cada vez menos estereotipados y más creativos. Pero yo creo que la Educación no debe enfocarse a nivel laboral, sino a nivel social y personal. Y el nivel laboral llegará por sí solo.

¿Cuál es el papel de los padres, del colegio y de la sociedad en el desarrollo de esa competencia filosófica en los niños?

Los padres constituyen un modelo importantísimo, ya que si los niños observan en sus padres ese rigor, ese pensamiento crítico y creativo, ese cuidado de los demás, va a ser muy fácil que lo imiten. Lo mismo pasa con los profesores, que son también un ejemplo para los niños. Sin embargo, la sociedad no lo va a poner fácil, porque vivimos en un mundo con tal cantidad de datos que nuestra mente no puede absorber ni manejar con facilidad, un mundo de medias verdades, o de mentiras que se disfrazan de verdades, y por eso es fundamental tener esa competencia para poder detectar todas esas mentiras y formarse un pensamiento propio.

¿Es buen momento para el pensamiento filosófico cuando no hay tiempo ni para reflexionar?

O lo hacemos ahora o lo vamos a perder. Nuestra sociedad no va hacia una mayor ciudadanía democrática, y si no conseguimos parar esto nos encaminamos a una sociedad en la que todo se va a medir en función de su rentabilidad, lo cual es un gran error, porque se pierde toda la humanidad. De todas maneras, la buena escuela siempre fue contracorriente porque es incómoda de alguna manera, al igual que la buena filosofía lo es. Y en este tema es necesario ir a contracorriente.

Al final, la realidad es que a nivel educativo no hay asignatura de filosofía hasta el Bachillerato. ¿Cómo deberían los profesores desarrollar esta competencia a edades más tempranas?

El pensamiento crítico se puede abordar desde cualquier materia. La cuestión es si conseguimos maestros que tengan ese mismo pensamiento crítico. Yo creo que hay que ir a la raíz: cómo conseguimos que los niños sean pensadores críticos, experimentadores, que aprendan a interrogar y a mantener un diálogo filosófico, ya sea en la asignatura de Literatura o en la de Matemáticas. Cualquier asignatura se puede abordar desde el espíritu crítico, la visión de problema, la indagación, la discusión, el diálogo a través de ese problema. La cuestión está en conseguir que el profesorado tenga ese espíritu crítico, porque evidentemente es muy difícil transmitir aquello que no se tiene.

Con todo, ¿sería partidario de una asignatura específica para niños de Filosofía?

De hecho, en unas 600 escuelas de Cataluña se lleva a cabo el programa de Filosofía para niños. Es una hora semanal impartida por el tutor del niño, y se ve que genera muchos beneficios para el resto de disciplinas. Pero sigo pensando que todas las disciplinas deberían abordarse desde el pensamiento crítico y desde ese sesgo filosófico.

Por Adrián Arcos 

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