septiembre 26, 2017

Entrevista con Morten Smith-Hansen, profesor del Ørestad Gymnasium

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Para Smith-Hansen, el diseño le posibilita alejarse de la pizarra y conseguir así que los alumnos se pongan a practicar el idioma de la materia, a hablar por ellos mismos.

Es profesor de Español e Historia en uno de los edificios educativos más vanguardistas del mundo. El Ørestad Gymnasium de Copenhague (Dinamarca) no tiene nada que ver con cualquier instituto de Educación Secundaria que se nos pueda venir a la mente. Es un espacio abierto donde todo el mundo ve a todo el mundo, con un diseño donde se facilita la comunicación, el diálogo y el encuentro entre todas las personas que componen el centro. Para Morten Smith-Hansen, el objetivo es claro: flexibilidad para entremezclar clases, profesores y alumnos de forma que estos últimos salgan del aula tradicional y aprendan a hablar el idioma de la asignatura.

¿Cómo surgió la idea de crear un centro con tal diseño?

Las demandas de la Educación moderna del siglo XXI requieren nuevas estrategias, metodologías y también una nueva arquitectura que tome en cuenta los espacios educativos. Por eso, en nuestro caso, cerca de la mitad de los módulos se sitúan fuera del aula tradicional y trabajamos en grupos, en espacios grupales.

¿Qué funcionalidad tiene ese diseño?

El diseño lo hace más fácil porque permite alejarnos de la pizarra, donde nos sentimos cómodos, pero es una posición que nos hace hablar demasiado y repetirnos, y así seguimos en nuestro papel de profesor tradicional. Esto repercute en que los alumnos no produzcan tanto, porque se preocupan más por tomar apuntes de lo que decimos los docentes.

¿Cuáles son los beneficios para el alumno y el profesor de un diseño así?

El beneficio, pensamos nosotros, es que los alumnos se pongan a practicar, a “hablar más el idioma” de la materia en cuestión, que formulen ellos las verdades de la materia. Por ejemplo, Física y Química son asignaturas de idiomas porque hay un montón de nociones y terminología que el alumno tiene que aprender a hablar, y un idioma no se aprende con un profesor hablando en la pizarra 100 minutos. Entonces tenemos esos espacios abiertos para que salgan del aula y formulen el idioma de la asignatura, sea cual sea, y que el profesor se convierta en un guía, en un coach.

¿Qué modelo tomaron como referencia?

En nuestra escuela estamos desarrollando una tradición “danesa” de participación activa por parte del alumno, y una tradición de trabajar en grupos, dentro de la que intentamos hacer que el alumno se sienta responsable de su propio aprendizaje.

¿Qué tipo de metodología se utiliza? ¿En qué consiste?

Todo lo referido anteriormente y también que trabajamos como muchos otros centros, por ejemplo con la Educación colaborativa. Además, pedimos a los alumnos que hagan diferentes productos, escritos, grabaciones de sonido y de vídeo, para poder evaluarlos.

¿De dónde proceden los contenidos?

Depende. El primer año ponemos el material, el contenido, las ideas de cada asignatura para que vayan aprendiendo el idioma y vean las problemáticas, pero el segundo año empiezan a analizar más, se hacen más preguntas, más problemáticas, y nosotros los apoyamos. En el tercer año se termina con unas tareas escritas y orales donde ellos tienen que formular una problemática del mundo e intentar solucionar o hacer propuestas que tendrían valor en la vida real.

¿Cómo se organizan las clases y los horarios?

Hay cuatro módulos por día y mucha flexibilidad dentro de cada módulo. También se pueden cancelar los módulos de todo un día para hacer un día de proyecto o de excursión. Por ejemplo, los alumnos mayores de tercer año (18-19 años) están dos semanas enteras sin clases, y están escribiendo una “minitesis”, 20 páginas sobre un tema que se tiene que desarrollar con dos materias diferentes y con sus diferentes métodos (por ejemplo, el desarrollo de los derechos civiles en EEUU en los años 60, aplicando las materias de Inglés e Historia).

Los horarios son de 8’00 a 9’40 horas; luego se hace una pausa de 10 minutos; después se retoman las clases de 9’50 a 11’30 horas para llegar al almuerzo, que se extiende hasta las 12’10 horas; luego vuelve a haber clase hasta las 13’50; de nuevo una pausa de 10 minutos; y la última clase llega hasta las 15’40 horas.

¿Hay intercambio de clases?

Claro. Por ejemplo, se puede hacer un proyecto de una semana siendo yo el profesor de Historia con el profesor de Química. Cancelamos todo el esquema y los cuatro módulos y creamos un proyecto en el que deben dedicar ese tiempo a buscar el significado de la aspirina. De esa forma, hacemos que las dos asignaturas expliquen más que una sola. El trabajo de los docentes esta muy conectado, compartimos desde materiales, metodologías, pedagogías hasta clases. También dividimos los cursos en partes, los entremezclamos, hacemos grupos de alumnos según su nivel; en definitiva, tenemos mucha flexibilidad. Y luego la evaluación la hacemos en común, no solo evaluando el contenido, sino el valor del proyecto.

¿Es complicada esa evaluación? ¿Cómo se hace exactamente?

Evaluamos como los demás institutos, dos veces al año y también una tercera vez al final, donde se les pone la nota de final de año. Sin embargo, la evaluación más importante, en mi opinión, es la que se hace diariamente a través de los diferentes productos que hacen los alumnos y la retroalimentación que el profesor les va dando a lo largo del año. Intentamos hacer que los alumnos se enfoquen más en sus procesos que en sus resultados. Por ejemplo, si quiero sacar una buena nota, estudio lo suficiente y estudio en la manera más óptima para poder aprovechar el tiempo que invierto en mis estudios.

La enseñanza y la metodología se evalúa entre nosotros, los profesores, en nuestros grupos cooperativos profesionales. Estamos divididos según las materias que enseñamos. También nos inspiramos mutuamente de un grupo al otro y tenemos reuniones con los miembros de nuestro equipo directivo para evaluar la enseñanza y la metodología aplicada. Es todo un proceso.

¿Cómo se aplica el currículo educativo nacional?

Trabajamos con los mismos planes educativos que el resto del país. En Dinamarca no hay una tradición fuerte de tener currículos. Cada materia tiene un plan educativo que publica el Ministerio de Educación, y dentro del cual la enseñanza tiene que hacerse, pero cada profesor tiene mucha libertad y autonomía para hacer el plan de estudios individualizado y elegir diferentes materiales para sus alumnos, siempre y cuando cumpla con los requisitos del marco del Ministerio de Educación.

¿Qué resultados se obtienen en los alumnos?

Nuestro instituto no tiene ni mejores ni peores resultados si los comparamos con otros institutos a nivel nacional, y si con resultados se refiere a notas. Pero si se toma en consideración el trasfondo socioeconómico de nuestros alumnos, vamos bien con respecto a las notas. Después, “resultados” se pueden definir de muchas maneras distintas, por ejemplo, la manera en la que los estudiantes aprenden a pensar independientemente, su capacidad de trabajar en grupos, de crear productos académicos que tengan un valor, también para otros, etc.

¿Ve algún tipo de problema de este diseño y esa metodología o algo que deberían cambiar?

La libertad que ofrece nuestro tipo de enseñanza para los alumnos puede ser problemática para aquellos que no están acostumbrados o no son suficientemente maduros como para sentir la responsabilidad por su propio aprendizaje, y allí es donde tenemos que estar muy atentos y ayudarlos en sus diferentes niveles. Justamente por ello, hace falta que admitamos la necesidad de conocer bien a los alumnos, poder diferenciarlos y asumir el papel de profesor más individualizado. Para los profesores esto también puede ser un proceso.

Realizado por Adrián Arcos.

 

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