octubre 18, 2017

Entrevista a Javier González Casado, responsable en Fundación Telefónica

15-09-30Gonzalez Casado

El Premio Escuelas para la Sociedad Digital 2015 supone una nueva apuesta de Fundación Telefónica para reforzar la transformación del entorno educativo en España ante una sociedad cada vez más digitalizada. Tras recibir y evaluar cientos de proyectos presentados a concurso, se han fallado los 12 finalistas, premiados con 1.000 euros cada uno. En noviembre, tendrán que presentar sus propuestas ante la Comisión de Expertos y en febrero de 2016 se celebrará la entrega de premios. Javier González Casado, responsable de Innovación Educativa en Fundación Telefónica, nos explica más detalles sobre el premio.

¿Cómo nace la idea de otorgar este nuevo premio?

Vivimos en una sociedad en la que las nuevas generaciones deben estar bien formadas para adaptarse a un mundo digital. Sin embargo, paradójicamente, observamos que el sector educativo no se está preparando debidamente. Todos los sectores productivos están tratando de adaptarse a esa sociedad digital (el hospitalario-médico, el empresarial, el de producción de bienes y servicios, las pymes…), pero la escuela sigue utilizando fórmulas, hábitos, organizaciones que no atienden a las nuevas necesidades digitales, y tiene que ponerse las pilas. Eso significa que tiene que organizarse de otra manera, plantear la metodologías didácticas distintas, plantear unos objetivos académicos y curriculares diferentes, trabajar las competencias de otra manera…

¿El premio reconoce esas buenas prácticas?

Vemos que hay escuelas que ya están despuntando, que están consiguiendo nuevos métodos de formación y de organización, buenas dinámicas de enseñanza, que logran una buena interacción con la sociedad y en las que, además, los niños salen bien preparados. Pero el premio no solo se centra en las buenas prácticas, sino que pretendemos tener una visión global de ese centro en cuanto a profesorado, infraestructuras, metodologías, tecnologías…, y analizar cómo se vinculan todas esas circunstancias para tener éxito. Vemos el colegio como un todo pero no desde la perspectiva de lo bien que funciona, sino de cómo se adapta para ser un buen colegio de cara a la sociedad digital.

¿Qué fases tiene el premio?

Consta de dos fases. En la primera, de las 150 escuelas que se presentan, se reconoce a las 12 más brillantes. Pero no mezclamos a los colegios públicos con los concertados y privados y, por tanto, establecimos tres categorías. En la fase final hay tres encuentros donde se van a evaluar de nuevo esas categorías para establecer el orden de los premios. Y lo hacemos así porque queremos que reelaboren sus proyectos para que sean aun más potentes, es decir, se evalúa el potencial de crecimiento y la replicabilidad que puede tener ese proyecto.

¿Se premia es el proyecto, más que la actividad del centro?

Presentar el colegio como tal es muy difícil de premiar, pero en una práctica sí que se puede evaluar el trabajo específico. De todas formas, para conceder el premio se estudia todo el contexto: cómo está organizado el centro, cómo están formados los profesores, cómo se interacciona con la comunidad escolar, cómo se trabaja la innovación educativa… Se valoran todos estos aspectos, pero reflejados desde un proyecto concreto que puede ser, por ejemplo, cómo tres profesores trabajan la robótica. Pero nosotros no creemos que, hoy en día para adaptarse a la sociedad digital, solo se tengan que utilizar tecnologías y entornos digitales, sino que debe englobarse todo aquello que, de una manera u otra, es digital, como entornos de aprendizaje on line, plataformas o redes sociales. Son todos esos elementos que se van incorporando al hacer de los profesores, y donde están involucrados alumnos y padres. Al final lo que premiamos es todo ese ecosistema digital que hace que el colegio esté evolucionando rápidamente para adaptarse a la sociedad digital.

¿Cómo pueden los centros presentarse al premio?

La convocatoria ya se cerró en julio, en la que se presentaron 150 centros. Hay que reconocer que era difícil presentarse, porque los requisitos eran bastante exigentes, ya que tenías que hacer un análisis de tu madurez como centro en el entorno digital y en la capacidad de innovación. Pero en la presentación del proyecto, también tenías que pasar un decálogo de innovación educativa. Creíamos que esos altos criterios de exigencia eran convenientes para el fin último del proyecto, que era ver esas mejores prácticas de centro que están adaptándose a la sociedad. Al final se detecta qué es lo que interesa, por dónde va el futuro. Se dan pautas y recomendaciones de futuro para luego difundirse a la sociedad.

Es decir, que el objetivo final es casi un mensaje a la Administración educativa.

A la Administración y a la sociedad, porque, por ejemplo, los padres también sabrán qué es lo que tienen que aprender para ayudar a sus hijos. Pero también saldrán conclusiones muy interesantes para profesores y Administración.

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