mayo 23, 2017

Entrevista a Howard Gardner, autor de la teoría de las inteligencias múltiples

15-09-30Howard Gardner

Howard Gardner concibió las inteligencias múltiples como una teoría psicológica, basada también en el cerebro y el conocimiento genético en la década de los 80. Pero Gardner se sorprendió de que el interés principal por su teoría no vino de parte de los psicólogos, sino de los educadores. Y ese interés se ha mantenido hasta hoy. Al principio, no tenía una idea clara sobre cómo aplicar su teoría a la Educación. Pero, finalmente, esa aplicación ha logrado aumentar el rendimiento de los alumnos.

¿Qué cambios deben producirse en una clase basada en las inteligencias múltiples?

Las implicaciones educativas más importantes de la teoría son la individuación y la pluralización. La individuación significa saber lo máximo posible acerca de cada alumno y darle la oportunidad de aprender y comprender de la manera más cómoda. Por supuesto, esto es más fácil cuando se tiene una clase pequeña. Pero no se puede dejar que la clase grande acabe con la idea de aprendizaje personalizado, y precisamente las TIC ayudan a esa individualización para todos los alumnos.

¿Y la pluralización?

La pluralización significa decidir qué es realmente importante que los alumnos sepan, aprendan y entiendan, y luego transmitir esa información a los estudiantes en una variedad de formatos y medios, abordando así las inteligencias múltiples. Yo nunca he encontrado nada realmente importante que solo se puede enseñar de una sola forma. Y cuando se enseña de forma pluralista, no solo se llega a más alumnos; sino que también se muestra mejor cómo entender algo –se puede representar ese conocimiento de varias formas–.

¿Qué problemas ha encontrado cuando se ponen en práctica en una clase?

Uno de los problemas es que los profesores se preocupan por cada alumno. Eso no es necesario. Muchos estudiantes son flexibles y pueden aprender de muchas maneras. No es necesario dedicar tiempo a esos estudiantes; de hecho, a veces pueden servir de refuerzo para ayudar a otros compañeros que tengan dificultades con el contenido. Otro problema, al que ya he aludido anteriormente, es que es más difícil de individualizar cuando tienes grandes clases. En ese caso, uno tiene que ser flexible e innovador, haciendo uso de diversas tecnologías, invitando a otros profesores a clase, pidiendo a los alumnos más aplicados que compartan el trabajo del profesor… para utilizar lo que yo llamo “inteligencia pedagógica”.

¿Más problemas?

Otro problema es aplicar la teoría de forma demasiado literal: no es necesario enseñarlo todo de siete u ocho formas. Es importante enseñar un tema de más de una manera, pero incluso llegando a dos ya es un logro. Otro problema es usar las inteligencias superficialmente. Puede que sea un poco más fácil de aprender un poema si lo cantas, pero eso no es inteligencia musical. La inteligencia musical implicaría centrarse en la interpretación del texto y tomar decisiones que también tengan un sentido musical. Del mismo modo, bailar una canción no es inteligencia corporal-cinestésica, a menos que realmente se preste atención a la calidad del movimiento corporal.

¿Qué opina sobre la crítica de que sus teorías se basan más en la intuición que en los resultados de investigaciones empíricas?

¡La crítica se equivoca! La teoría se basa totalmente en la evidencia científica, basada en la psicología, la antropología y la biología. Lo que los críticos deberían decir es que la teoría no se basa en experimentos. Gran parte de la ciencia no puede ser investigada de forma experimental –por ejemplo, la geología, la astronomía, la teoría de la evolución, etc.–. Mi teoría no solo se basa en la evidencia científica, sino que va a cambiar sobre la base de nuevos datos científicos. Hace 15 años no habría hablado de la inteligencia pedagógica, pero la evidencia está demostrando que la capacidad de enseñar es netamente humana y se desarrolla ya en los primeros años de vida.

¿Cuáles son las diferencias entre inteligencias y habilidades?

Yo uso la palabra ‘inteligencia’ para designar una amplia capacidad de computar ciertos tipos de información de diversas maneras. La inteligencia lingüística se encarga del lenguaje, tanto si se escucha como si se lee. La inteligencia espacial trata sobre la capacidad de localizarse tanto a uno mismo como a los objetos en el espacio. Cada una de estas inteligencias implica una multitud de habilidades. No hay tensión entre ambas. Hablamos de diferentes niveles: muchas habilidades pueden constituir una inteligencia. La gente suele preguntar sobre la relación entre inteligencias y talentos. Puedes utilizar cualquiera de los dos términos, pero yo uso la inteligencia, porque es importante indicar que el ser bueno en la música o en la comprensión de otras personas es tan importante, y a la vez bastante diferente, de la habilidad para las matemáticas o para utilizar el lenguaje común para comunicarse.

¿Cómo puede su teoría tener un impacto positivo en los centros educativos públicos?

En resumen, mi teoría puede reforzar la idea de que los individuos tienen muchos talentos que pueden ser de utilidad para la sociedad; que una sola medida (como una evaluación final) es inadecuada para dar una titulación o el acceso a la universidad; y que las materias importantes se pueden enseñar de muchas maneras.

¿Deberían los alumnos pasar más tiempo como aprendices adquiriendo experiencia en lugar de escuchar clases magistrales?

Me encanta la escuela y, de hecho, nunca la he dejado. Estoy encantado con aquellos que les gusta aprender de forma académica. Pero eso no es para todo el mundo, y realmente no es para todos los alumnos de 16 años. Estoy mucho más interesado en los jóvenes que son productivos y que aprenden algo mejor cuando no se quedan en la escuela. Y siempre pueden volver cuando realmente quieran aprender algo de lo que se enseña en las escuelas.

 ¿Cree que deberíamos elegir libremente los cursos, o está a favor de currículos uniformes para todos los estudiantes?

En la Secundaria, en general todo el mundo debería estudiar un poco de historia, ciencias, matemáticas y artes. Para mí no es importante qué ciencia se enseñe –estoy mucho más interesado en que los alumnos aprendan a pensar científicamente–. Del mismo modo, no importa mucho qué historia aprendan, aunque sin duda tienen que conocer la de su propio país. Lo que importa es que el alumno adquiera una idea de cómo se realizan los estudios históricos: qué tipo de pruebas se utilizan; cómo la historia difiere de la literatura, por una parte, y de la ciencia, por la otra; por qué cada generación reescribe la historia y nunca puede ser una historia definitiva…

Usted prefiere la profundidad a la amplitud. ¿Cree que se podría no aprender lo suficiente con este enfoque y titular con grandes lagunas en conocimientos?

Es más importante que los alumnos aprendan a pensar como un historiador, y sepan cómo los historiadores manejan datos y sacan conclusiones. Esto solo puede venir del estudio en profundidad de un número manejable de temas. El problema es que se estudie la Revolución Americana cuatro veces y nunca se aprenda nada sobre las Revoluciones Francesa o Rusa.

¿Puede recomendar técnicas a los docentes para que identifiquen fortalezas en sus alumnos?

Si quiere conocer las inteligencias de los alumnos durante las primeras semanas de clase, tengo dos sugerencias: 1. Llévelos a un museo (o algún otro tipo de experiencia como un parque infantil con muchos tipos de juegos). Esto complementará lo que se observa en la clase. 2. Pase a los alumnos un pequeño cuestionario sobre sus fortalezas, así como a sus padres y, si es posible, también a su maestro del año pasado. Podemos estar seguros en la medida en que los tres informen coincidan en las mismas fortalezas y debilidades. No me suelo fiar de los autoinformes.

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