noviembre 17, 2017

Entrevista a Ana Pérez Saitua, responsable en COAS

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El alumno no utiliza los contenidos por sí mismos, sino porque le sirven para tomar decisiones sobre su propia vida” Según Ana Pérez, “el TBL consigue que el alumno se implique en los contenidos y disfrute con ellos, con lo que al final se comprenden y se memorizan mucho mejor”.

Es una metodología muy útil para conseguir las competencias en el alumnado a través del currículo y para desarrollar la habilidad de “aprender a aprender”, tan importantes de cara a conseguir los objetivos fijados por la UE para 2020. En ello insiste Ana Pérez Saitua, experta en TBL (Think Based Learning) y coordinadora pedagógica del Grupo Educativo COAS. Este grupo está formado por varios colegios de Vizcaya, Guipúzcoa y la Rioja, y la mayoría de ellos serán TBL school al finalizar este curso. Pregunta. ¿Qué diferencia el TBL del resto de metodologías? Respuesta. El TBL tiene aspectos comunes con algunas metodologías, sobre todo aquellas que favorecen el desarrollo de las competencias básicas. Se diferencia en cómo se introducen las clases, las herramientas gráficas se utilizan o en cómo se trabajan los contenidos de las asignaturas. También incluye el trabajo cooperativo en todas las unidades didácticas, que fomenta actitudes de empatía, de flexibilidad mental, de liderazgo y de emprendimiento. Sin que prácticamente el profesorado se dé cuenta, se trabajan constantemente todas esas competencias.

¿Cuál es el objetivo de una clase TBL?

El objetivo es que el alumno comprenda los contenidos de la asignatura y que adquiera las competencias básicas. Pero lo que se consigue a través del TBL es que el alumno se implique en esos contenidos. Va a utilizar los contenidos curriculares de la asignatura –datos, fechas, hechos, fórmulas– no por sí mismos, sino porque le van a ser necesarios para investigar, para solucionar problemas o para tomar decisiones sobre aspectos de su propia vida. Y para ello va a tener que usar herramientas de pensamiento que le van a ayudar a comprender mejor esos contenidos.

¿Es necesario que el alumno memorice esos contenidos?

El objetivo es también que el alumno comprenda y memorice los contenidos. Pero no los va a memorizar de la manera tradicional, leyendo un párrafo, subrayándolo y luego memorizándolo. Eso se olvida en cuanto pasa el examen. Cuando el alumno trabaja y elabora él mismo los contenidos de la materia porque le interesan muchísimo para algo de su propia vida, cuando trabaja con otros compañeros y les explica las conclusiones a las que ha llegado, cuando realmente sabe explicar algo a los demás, es cuando de verdad aprende esos contenidos y los memoriza.

Supongo entonces que la clase tiene que ser muy práctica.

Los alumnos tienen que practicar una serie de destrezas para analizar ideas y argumentos, comparar, contrastar, clasificar y secuenciar, pero no de cualquier manera, sino de forma profunda para analizar, procesar y ampliar la información. Después van a aprender destrezas cognitivas críticas como juzgar la exactitud de la información, la fiabilidad de las fuentes, los informes, cómo detectar puntos de vista, van a tener que hacer diferencias, ver probabilidad, explicaciones causales, hacer previsiones, juzgar generalizaciones. Es decir, tienen que pensar con los contenidos de la propia asignatura y trabajar el pensamiento creativo.

¿Me puede poner un ejemplo práctico de una clase TBL?

Por ejemplo, una clase de Ciencias de la Naturaleza en 6º de Primaria. El tema que se quiere estudiar son las fuentes de energía renovables y no renovables y el desa-rrollo energético sostenible y equitativo. El objetivo curricular sería identificar los beneficios y riesgos relacionados con la utilización de la energía, y exponer posibles soluciones. Esto puede ser un rollo para los alumnos. En primer lugar, el profesor hace una prospección sobre lo que saben los alumnos acerca del tema. En esa primera fase tienen que hablar en grupo sobre lo que saben o lo que han oído, compartir experiencias con el resto de compañeros. A la vez el profesor puede aportar distintos materiales, vídeos sobre el tema, algún cómic o artículo periodístico. Seguidamente el profesor les plantea una pregunta motivadora que les concierne directamente. Por ejemplo: ¿cuál será la energía que me convendrá usar cuando yo tenga 25 años y viva en mi propia casa? Ahí es cuando el profesor les reta a tomar una decisión.

Es decir, al final se aprende con la toma de decisiones.

El profesor les pone un mapa de pensamiento y les hace ver que es necesario que tomen una decisión sobre, por ejemplo, la fuente de energía que deben usar: ¿Cuáles son mis opciones? ¿Qué consecuencias tiene cada opción? ¿Qué opción es mejor a la luz de las consecuencias? A partir de esas preguntas van analizando cada una de las fuentes de energía. El profesor les deja que accedan a fuentes de información, ya sea libros, internet o la que encuentren en sus dispositivos electrónicos. Así también añade una destreza de pensamiento que es analizar la fiabilidad de las fuentes, produciendo un pensamiento crítico. De esta forma van analizando los pros y los contras de cada fuente de energía, haciendo predicciones y explicando las consecuencias de cada una. Luego van a elegir la mejor opción buscando la sostenibilidad y explicando al resto de grupos las razones por las que han elegido esa opción.

¿Al final quedan cubiertos todos los contenidos?

Si te das cuenta, van aprendiendo todas las características de las fuentes de energía, recopilando toda la información, conociendo los pros y los contras, analizando la sostenibilidad y la durabilidad, profundizando en los problemas actuales de la energía, y así van cubriendo todos los contenidos de la asignatura. Ellos han trabajado los contenidos, los han memorizado a fuerza de trabajarlos, han visto ellos mismos los pros y contras sin necesidad de que se los diga el profesor. Al final hay un proceso de metacognición en el que se dan cuenta de las dificultades para tomar una decisión y también de todo aquello que les gustaría saber sobre un tema de cara a su futuro. Esto se puede hacer por escrito o de forma oral, exponiendo al resto de la clase. Así se trabaja mucho la lengua y su corrección. Y luego hay un siguiente proceso de transferencia de la destreza a otra unidad didáctica o a la vida personal, y que puede ser utilizada por otros profesores. Por esto existe un alto grado de interdisciplinariedad en la metodología TBL si se produce también un trabajo cooperativo entre los propios docentes.

¿Cómo se evalúa a través de esta metodología?

Se evalúa tanto el trabajo en grupo como las responsabilidades individuales. En el caso de la evaluación individual se puede hacer una prueba con una serie de preguntas donde haya que elaborar un texto. Hay que tener en cuenta que el alumno ha interiorizado los contenidos a través de todo el proceso. El profesor no les ha transmitido ningún tipo de información, sino que es el alumno el que se siente protagonista de su propio aprendizaje.

 

 

¿Qué beneficios se consiguen en el alumno?

La implicación del alumno es mucho mayor; disfruta de los contenidos, con lo que se comprenden mucho mejor, quedan mejor en la memoria; se mejora la producción de textos; y se va educando en un trabajo no competitivo y no individualista. El alumno tiene que ser responsable de sus tareas a pesar del trabajo cooperativo, ya que las tareas individuales luego repercuten en el trabajo del grupo. Esta forma de trabajar conduce a una Educación en Valores a la vez que mejora la convivencia en el aula. Además, aquellos alumnos considerados “malos”, que quizá eran así porque se aburrían o no encontraban ningún reto que realmente les motivara, ahora pueden engancharse al proceso de aprendizaje, porque ven la utilidad de esos contenidos. Esos alumnos antes trabajaban de una manera competitiva con sus compañeros, porque habitualmente el tipo de trabajo ha sido competitivo e individualista, del yo para mí mismo. Al alumno que suspenden, como siempre lo van a suspender, al final no tiene ninguna motivación para seguir adelante. El TBL, sin embargo, conduce a un trabajo plenamente colaborativo, en el que también existe competitividad, pero entendida de otra manera, con el fin de que repercuta positivamente en el grupo.

Escrito por Adrían Arcos.

 

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